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Latinbiota: el consorcio regional que estudia la microbiota en ocho países de Latinoamérica

En nuestro organismo habitan una serie de microorganismos, virus, bacterias, hongos que cumplen un rol fundamental en nuestra salud. Este conjunto, conocido como microbiota, es un verdadero ecosistema que hoy los investigadores están interesados en comprender cómo este impacta en la salud.

En los países desarrollados se ha investigado sobre la composición y funcionamiento de la microbiota, sin embargo, en Latinoamérica aún falta desarrollar esta área de investigación. “El microbioma de los latinoamericanos es diferente debido a peculiaridades en la dieta, las costumbres y la situación socioeconómica”, explicó a BBC Mundo Gregorio Iraola, investigador del Laboratorio de Genómica Microbiana del Institut Pasteur de Montevideo.

A raíz de esta situación, Iraola creó el consorcio Latinbiota, una red de colaboradores en ocho países de América Latina que buscan comprender la composición y variabilidad del microbioma humano en la región.

Es más, el bioinformático especialista en análisis de datos masivos generados por secuenciadores de genomas recibió el prestigioso premio Pasteur Network Talent Award, que cada año distingue a científicos de gran potencial o liderazgo entre quienes trabajan en los 31 centros vinculados al Institut Pasteur de París en 27 países.

“La microbiota intestinal básicamente se define como el componente no humano de nuestro organismo”, explica el investigador, ahondando en que la microbiota permite al organismo estar saludable por sus funciones metabólicas, contribuyendo a las funciones biológicas como la digestión, la defensa ante enfermedades y el entrenamiento del sistema inmune.

Existen muchas más células microbianas que propias células humanas y se encentran en todas nuestras superficies, como en el aparato digital, la piel, en la mucosa, etc., pero la gran mayoría se concentra en el intestino y en segundo lugar en la boca y en las vías respiratorias.

El estudio de la microbiota en América Latina

Latinbiota nació en 2019 y en él participan cerca de 50 científicos latinoamericanos de Uruguay, Argentina, Chile, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador y México. Actualmente cuentan con la colaboración de dos institutos que están en Reino Unido, el Welcome Sanger Institute, uno de los centros más prestigiosos del mundo que enfoca su ciencia desde el análisis genético de distintos organismos, y el European Bioinformatics Institute (EBI).

Estudian principalmente la microbiota intestinal porque “es aquella que ha sido más estudiada en relación a su rol en salud y enfermedad”, explica Iraola. La poca investigación sobre la microbiota en América Latina es un problema, dado que “un gran porcentaje de lo que sabemos acerca del rol de la microbiota en la salud y la enfermedad viene del estudio de poblaciones del hemisferio norte y, fundamentalmente, de países de altos recursos y altamente industrializados”.

El problema de esto es que el estilo de vida de la población latinoamericana es distinta a la de la población del hemisferio norte. Factores ambientales como la dieta, factores socioeconómicos, factores culturales, cómo interactuamos con las personas o con nuestro entorno, el acceso a los medicamentos, entre otros.

Para comprender cómo la comida influye en la composición de la microbiota, el investigados y director de Latinbiota explica que “por ejemplo, una población que consume muchísima carne va a estar modulando su microbiota a través de la dieta de forma distinta a una con una dieta mucho más equilibrada o con menos carne roja. Los compuestos químicos en la carne los incorporamos a nuestro organismo a través de la dieta y terminan impactando en la microbiota del intestino”, explica el investigador.

Incluso ejemplifica en cómo consumimos jugo de naranja. “Una personas que consume jugo de naranja natural incorpora a su dieta microbios vivos que están en la cáscara de la naranja, en su pulpa y en sus propias manos. Y eso le impacta de forma distinta a cómo le impacta a la otra tomar jugo de caja, con los conservantes, azúcares sintéticos y otras moléculas sintéticas que está incorporando y cuyo impacto en la ecología y en el equilibrio de las bacterias y otros microbios del intestino desconocemos”, detalla.

De esta forma, las bacterias que ingerimos tienen una capacidad muy amplia de utilizar compuestos de la naturaleza. “Si vos alimentás a tus bacterias con determinados nutrientes van a proliferar más aquellas que son capaces de usar esos nutrientes y van a morir las que son capaces de usar otras cosas”, esto provoca que se genere un desbalanceamiento hacia la preferencia de determinados alimentos, lo que también impacta en las bacterias que pueden proliferar en el intestino.

Por ejemplo, incluso las costumbre culturales dentro de la región inciden en nuestra microbiota. “En la costumbre de compartir el mate o un vaso de agua y tomar de la misma botella, se comparten las bacterias que están en la piel, en la saliva. Esa barrera física de interacción puede determinar que un grupo de personas tenga una microbiota más compartida o menos”, explica.

Microbiota y enfermedades

Este mismo fenómeno se relaciona con el desarrollo de enfermedades en respuesta del organismo. Estas se pueden manifestar como respuestas inflamatorias que pueden desencadenar enfermedades no transmisibles como la obesidad, el cáncer, enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer, el párkinson, el síndrome metabólico o la diabetes.

“Hay una relación cada vez más evidente entre cómo responde nuestra microbiota y nuestro organismo a esos cambios en relación a estas enfermedades. Ya hay estudios que muestran la relación incluso de enfermedades tales como el cáncer y la microbiota que tenemos en el intestino”, advierte Iraola.

El investigador advierte que estudiar la microbiota y su relación con determinadas enfermedades, puede abrir puertas a nuevas terapias. “A través de la modificación de la microbiota con un fármaco o a través de un cambio de estilo de vida, podamos minimizar el riesgo, por ejemplo, de sufrir alguna de estas enfermedades”, explica.

Estudiando la microbiota en Latinoamérica

En estos dos años, pese a la pandemia, Latinbiota ha estado trabajando en entender la variabilidad natural y la composición de la microbiota en Latinoamérica en adultos saludables. Se recolectó muestra de materia fecal de 600 personas que habitan en los ocho países que participan de la investigación.

Estas se analizaron por una metodología que se denomina metagenómica, que permite secuenciar el ADN de bacterias, virus y componentes de la microbiota que se encuentran en la materia fecal. Estos fueron comparados con más de 30.000 individuos a los que se les había hecho el mismo análisis en el resto del mundo.

Aún no se han publicado los resultados en revistas especializadas, pero en términos generales, encontraron diferencias significativas en la composición general de los microbiomas a nivel continental. Es decir, “los latinoamericanos tenemos un microbioma distinto a los africanos, a los europeos, a los estadounidenses”, detalla Iraola.

“Descubrimos una gran cantidad de especies nuevas de bacterias y de virus, sobre todo los que se llaman bacteriófagos, que sólo infectan bacterias. O sea, el análisis en Latinoamérica aportó el descubrimiento de cientos y miles de nuevas especies de bacterias y de virus que son parte natural de nuestra microbiota y cuya existencia se desconocía”, precisó.

Además de ello, hallaron que la microbioma de personas saludables de Latinoamérica tienen mayor abundancia de bacterias que han sido reportadas como asociadas a algunas patologías como la obesidad. “Tenemos indicios de que puede haber una dependencia entre lo que se observa a nivel poblacional, con patologías como la obesidad, y lo que está sucediendo en el microbioma de nuestras poblaciones latinoamericanas”, explica. Cabe señalar, que en la actualidad Latinoamérica es la región del mundo con mayor incidencia de obesidad, estando Chile entre los primeros lugares.

Con estos resultados, Latinbiota espera a partir de 2022 descubrir y profundizar sobre el origen de esta microbiota. Un primer objetivo es entender qué factores pueden ser los que están influyendo en la presencia de esas bacterias y virus que creemos que pueden estar determinando algunas patologías que son prevalentes en la región.

Otro objetivo es expandir la representación geográfica, étnica, cultural del set de datos, porque, según explica Iraola, “600 puede parecer un número grande, pero cuando lo miramos desde el punto de vista de la diversidad de culturas, de poblaciones, de todo lo que tenemos en Latinoamérica, es bastante poco”.

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